sábado, 30 de abril de 2016

Sábado 30 de abril

 Sábado de la 5ª semana de Pascua

1. Abro el corazón a Dios.
Puede servir la repetición de alguna oración breve:
     "Gracias Señor porque estás siempre a mi lado",
     "Ayúdame a sentir tu cercanía",
     "Quiero estar contigo, Jesús".

2. Lectura del Evangelio. Escucho.
San Juan 15,18-21

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Si el mundo os odia, sabed que me ha odiado a mí antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo os amaría como cosa suya, pero como no sois del mundo, sino que yo os he escogido sacándoos del mundo, por eso el mundo os odia. Recordad lo que os dije: "No es el siervo más que su amo. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra." Y todo eso lo harán con vosotros a causa de mi nombre, porque no conocen al que me envió."

3. Reflexiono y rezo. Respondo. 
¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida?

¿Qué es el mundo en este evangelio? No se refiere a aquello que está fuera de la religión o de la Iglesia. El mundo es la parte de humanidad, de nosotros mismos que se opone al plan de Dios. Todos somos un poco mundo. Nadie es bueno del todo o malo del todo.
            “Señor, danos sabiduría para descubrir el mundo que me rodea”
            “A veces también yo estoy en contra de tu proyecto. Perdóname”

Por eso, cuando emprendemos trabajamos por el Reino de Dios, cuando nos comprometemos en favor de los demás, cuando queremos seguir en serio a Jesús, nos tropezamos con dificultades en nuestro propio corazón, en la familia, en la sociedad y hasta en la Iglesia. No nos debe extrañar. Jesús nos lo advierte con claridad: Si a mí me han perseguido, a vosotros también os perseguirán.
            “Jesús, enséñame a encajar las dificultades, como tú,
              dame misericordia para perdonar a los que me persiguen, como tú,
              concédeme fuerza para ser fiel al Padre y a su Reino, contigo”

Señor:
¡Ahora si que es demasiado,
ya no puedo más!
Estoy agotado,
consumido de dolor,
agobiado de cargas,
doblado por el esfuerzo,
humillado por mis hermanos,
incomprendido por mis amigos.
Siento ganas de huir,
de escapar de todo lo que me hace sufrir.
Compréndeme, Señor:
He compartido mis conocimientos
y me han rechazado con desprecio.
He ofrecido mi ternura
y me han respondido con insultos.
He trabajado por la concordia
y me han arrinconado sin motivo.
He invertido mi tiempo por mejorar el mundo
y muchos sospechan de mis intenciones.
He anunciado tu amor y tu cercanía
y me miran como a un bicho raro.
¡Ah, Señor!
¿No es todo demasiado injusto?
Señor, ayúdame a comprender mis fracasos,
a darme cuenta de que si a ti te han rechazado
también a mi me rechazarán.
Ayúdame a reconocer y a pedir perdón
porque también yo hago sufrir a personas buenas.
Señor, Tú me comprendes,
porque también Tú fuiste rechazado,
tuviste la sensación de que tu entrega era inútil,
sufriste la tentación de no beber el cáliz de la pasión
y quisiste refugiarte en la casa de los placeres sin compromiso.
Pero Tú seguiste adelante,
venciste al fracaso, al miedo, a la comodidad y al egoísmo.
Y ofreciste tu vida sin regateos,
lo diste todo, te diste del todo.
Señor, ayúdame a escuchar tu susurro que me dice:
"Ánimo. No tengas miedo. Sigue adelante.
Yo he vencido incluso a la muerte.
Y tú también vencerás.
Las semillas que sembraste darán el ciento por uno
y yo compartiré contigo mi vida resucitada".


4. Termino la oración   
Doy gracias a Dios por su compañía, por sus enseñanzas, por su fuerza...
     Le pido que me ayude a vivir de acuerdo con el Evangelio
     Me despido rezando el Padre Nuestro u otra oración espontánea o ya hecha.

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